20 años de Sur Oculto

20 años de Sur Oculto

El enorme, descomunal show de los 20 años de Sur Oculto que, junto a otros cientos de personas, tuvimos el honor de presenciar en Studio Theater la pasada semana, tuvo un efecto paradójico: fue un recorrido casi cronológico por el tiempo que, a la vez, logró detenerlo.

No nos detuvimos a contemplar si las agujas del reloj habían detenido su marcha, no. Pero sí sentimos que el correr de los segundos, de los minutos, en esas casi tres horas de show quedó suspendido, dejó de transcurrir. Como si el mismo Kronos se hubiese sentido hipnotizado, al igual que nosotros, por la avalancha sonora emanada desde el escenario por el tremendo Seba Teves y sus compañeros de vuelo.

Esas tres horas se hicieron notar recién cuando, al terminar el show, me moví finalmente del lugar en el que permanecí por toda la duración del mismo, y noté el entumecimiento de mis piernas. Sí, me bambolée con los pasajes más funkys de esa ebullición sonora, y también agité la cabeza al compás de las explosiones más metaleras. Pero no quise trasladarme -ni al baño, ni a buscar una birra- por temor a perderme algo. Algo de todo lo mágico que estaba sucediendo.

Este viaje temporal empezó, como todos, en el presente. La inauguración de esta retrospectiva estuvo a cargo de la actual formación de los Sur Oculto. Claro, con Teves al bajo, como columna vertebral del proyecto y único músico presente en todas las formaciones, más Andrés Arias en teclados y Ema Borgna en batería. La noche comenzó fuerte: las canciones que abrieron el juego fueron de lo más contundente dentro de la propuesta actual -siempre mutante- de la banda. Tengo en este punto que hacer una confesión: me cuesta mucho retener el título de canciones instrumentales, por lo cual no habrá en esta crónica precisiones en ese sentido. Sí puedo, sin embargo, narrar las sensaciones que me fueron generando. Y, clarísimo está, disfrutarlas.

Después de varios pasajes de pirotecnia musical a cargo de la formación actual, el viaje por el tiempo hizo pie en el principio. Se subieron al escenario Fabricio Morás para hacerse cargo de las teclas, Pablo Dalmasso detrás de la batería y Gustavo Barrera en guitarra. Para que el efecto nostalgia fuera completo, Teves abandonó por un rato ese monstruo de 6 cuerdas que acaricia y aporrea casi por partes iguales, para volver a un clásico bajo negro de cuatro cuerdas. En esta formación, la primera, se da algo que representa lo opuesto a la constante en las bandas de rock: la carga melódica de los temas está a cargo del bajo, mientras que la guitarra de Gustavo es la que va por detrás del primer plano, dialogando con la batería y construyendo una base sobre la cual construir el virtuosismo de cada uno de los integrantes.

Las canciones pasaron, y también pasó la narración de cómo fue naciendo, creciendo y modificándose la banda a través de los años, a través del micrófono dorado que el líder empuñaba de tanto en tanto. Otro de los pasajes a destacar de esta parte del show (ya convertidos nuevamente en trío) fue la participación del Negro de la banda Guanaco Lonko en la guitarra para una zapada bestial que partió casi tímidamente de la mano de un rasguido funky de la viola del invitado. Además de agradecer el apoyo y la colaboración en las primeras épocas de Sur Oculto, el líder desde el micrófono tiró: “él fue quien nos enseñó a zapar”. Pavada de profe tiene que ser, para tener semejantes alumnos.

Los temas siguieron sucediéndose, oscilando entre las rítmicas que le sirven de alimento a la inventiva de quienes los ejecutan, muchas veces cambiando abruptamente de carácter sonoro dentro de una misma composición, como es ya una de las características de la banda en todos estos años de trayectoria. Así es como un atronador pasaje a pura distorsión puede, en una milésima de segundo, darle lugar a un piano de corte clásico, o como una zapada de alto vuelo jazzero se ve arrebatada por la dinámica y el groove de una llamarada de funk.

Justamente con la llegada del baterista Pablo González se vino la parte más groovera de la noche, con la banda cabalgando sobre ritmos que obligaban al público a menear sus esqueletos y profundizar la comunión y la combustión con lo que estaba pasando sobre el escenario. Una nueva muestra de las múltiple facetas de una banda que no sólo atravesó varios cambios de formación sino que hace de la zapada su manera de construir las creaciones, con toda la libertad y la creatividad que eso implica.

El momento de los bises llegó con una mega formación que incluyó dos bateristas y dos tecladistas simultáneos, guitarra y bajo. Algo que me remitió a esos dibujos de la infancia donde varios robots se combinaban para formar uno nuevo, colosal e invencible. Con los dedos de tentáculo del Seba Teves disparando notas a mansalva, miradas cruzadas entre los instrumentistas para sincronizarse o para complementarse, cambios de baterista a mitad de canción y alguna que otra locura más, transcurrió la última parte del show donde nos regalaron una zapada alucinatoria y un último tema a toda orquesta -nunca mejor dicho-, que terminó de hacer detonar nuestras cabezas.

Es que estoy convencido que la música de Sur Oculto tiene propiedades psicotrópicas por sí mismas, sin la mediación de ninguna otra sustancia. De todas formas, elijo quedarme con las palabras de dos músicos de dos bandones de Córdoba como lo son IAH y Fabricantes, que me encontré en distintos momentos de la noche y que coincidieron en una apreciación: “es el show del año”.

 

 

Texto: Luis Parodi

Fotos: Lucas Segura