SIG RAGGA EN CÓRDOBA

SIG RAGGA EN CÓRDOBA

Sig

Ragga.

Córdoba.

 

Viernes. De noche. Sola. Animada.

 

Declaraciones dos.

La primera vez que: iba sola a algún lugar. Sí. Así, ya grande, grandota, grandotona, vieja, viejona (según quién) a ver una banda.

Y que veía a la banda en un escenario.

En vivo. Viva yo de haber ido.

Así como la incertidumbre cuando una se lanza sola a un viaje. Entonces encontré gente amiga, conocidas, queridas. Cerveza y atención.

Luces. Silencio. Murmuros y aparecen. Cuatro vestidos de blanco y las caras plateadas.

“Creo que lo que propone Sig Ragga es una mixtura. ¿Entre qué? Reggae, rock, indie, ¿electrónica? Mmm… música... Es imposible o injusto intentar definirlos”. Me dijo una piba que conocí.

Cuatro muchachotes, disfrazados. O quién te dice, vestidos como siempre quisieran estar, pero que la propia sociedad y sus culturas en cajones de acero no se los permiten. Los mamelucos blancos parecían cómodos. Muy.

El punto: ¿es necesario definir? No. Al menos eso pienso.

Sigue el relato: “reúnen algo que nos pasa hoy, eso de lo visual y de lo musical”. Ya no es una sola cosa. La política de la imagen, la política de la música. ¿Dónde? Hablar e intercambiar, discutir y proponer qué paso y pasa con la música de acá y de allá. Con algo te vas y algo dejas.

Por momentos sentí la clásica extrañeza de la banda y su público. Por momentos eran lo cercano y conocido.

Prolijidad que era impoluta. Lo impoluto que no quitaba lo emocional y febril en la voz de la banda.

La cosa tuvo que ver con sensaciones. Los clásicos y no tanto. No los voy a nombrar, porque ya los conocemos. Y si no, tenés que ir a verlos.

PH: Fer Bazán

Crónica - Sig Ragga, viernes 19 de octubre en Club Paraguay, Córdoba Capital - Gentileza de acreditaciones de AlPogo